miércoles, 13 de enero de 2016

Rock and roll



Tú no dejas huella,
desordenas
—como huracán—
cada lugar por el que pasas
plantas bandera
y haces magia
cuando decides quedarte.

Eres un concierto de Sabina
privado
recitado al oído
y según tú algo desafinado
con notas que terminan
en besos
de esos con sal
de los que habla Joaquín.

Perdóname por favor
si peco de contradictoria
pero había olvidado mencionarte
que escuchar tu voz
es encontrar paz
hasta en el mismísimo infierno
y qué suerte la mía
de poder despertar
cerca del cielo
de tu boca. 

Es mirarte 
y escuchar al corazón 
cantar un rock and roll 
que lleve por título tu nombre. 

Es invocar 
a los dioses del olimpo 
a que vengan a bailar 
con las mariposas de mi estómago. 

Es ver a la habitación 
llenarse de fuegos artificiales 
que te celebran a ti. 

Aunque tú no lo sepas 
el mundo 
(por no decir el mío) 
se detiene cada vez que ríes 
y gira a toda prisa 
cuando me tomas de la mano 
y me sacas a bailar 
en mitad de la noche 
en cualquier lugar 
donde te dé por tararear 
tu canción preferida. 

Ya sé que lo repito demasiado 
pero 
desde que tú 
la magia ya no tiene trucos 
la poesía la llevas 
en la comisura de los labios 
y la felicidad ya no parece 
—no es— 
tan inalcanzable.

domingo, 20 de septiembre de 2015

Ahora que tú






Ahora que las luces de neón 
anuncian que ha empezado a caer la noche,
ahora que es nuestra hora
y puedo intentar encerrarte en un poema.

Ahora que hemos convertido cualquier portal 
en un hotel de carretera 
y cualquier fotografía en una postal.

Ahora que sé
que de amor también se puede morir,
sólo se me ocurre pensar
que qué suerte
si lo que me mata
tiene que ver contigo.

Porque el mundo ha vuelto a girar
y lo ha hecho al ritmo de tu voz,
porque sonríes
y sé que todo irá bien.

Ahora que has reinventado 
el significado de la palabra magia
lo del conejo en el sombrero
y el as bajo la manga
cada vez que apareces.

Ahora que tú eres el truco
y yo la niña que sigue aplaudiendo
cuando se cierra el telón.

Ahora que has invadido con besos
y sin prisas
cada trozo de mi piel,
que has instalado tu bandera
en mitad de mi desastre.

Ahora que las piezas del puzzle 
han vuelto a encajar,
ahora
cielo
puedo al fin decir
que todo está completo.

martes, 4 de agosto de 2015

Noche estrellada





Sus ojos son dos ventanas
en las que se refleja la luna llena
y donde cada noche
se posa un gato negro
a columpiar su cola.

Su boca,
un túnel con luces de neón donde pones a sonar
la parte más bonita de tu canción preferida,
la que repites mil veces antes de que llegue el final
porque no quieres que se acabe.

Su piel es una playa,
con niños que juegan a hacer castillos en la arena,
olas que se rompen en la orilla,
y gaviotas revoloteando
en el agua salada.

Una playa en verano,
con sombrillas de colores en cada centímetro,
y cuerpos desnudos de miedos.

Su espalda seguro que sería el lienzo preferido
de cualquier artista
y yo tengo la suerte
de que sea mi lengua
la que dibuje garabatos
cada vez que se le antoje.

Su cuello es un callejón sin salida
con atracos de beso o muerte
y yo aún no aprendo a resistirme.

Sus manos son un mundo aparte
al que me lleva cada vez que me toca,
sus dedos campos de girasoles 

que florecen cuando me los llevo a la boca.

Él es un universo entero
con galaxias en lugar de lunares,
él es las vistas más bonitas de cualquier ciudad,
la puesta de sol que mirarías cuarenta y tres veces.

Él es desierto,
montañas
nieve
mar
y yo la niña que lo mira por primera vez.